Muchas emergencias cardíacas repentinas se relacionan con la fibrilación ventricular (ritmo cardíaco anormal y fatal). La desfibrilación, que se realiza aplicando una descarga al corazón con una dosis medida de electricidad, puede permitir que el corazón retome un ritmo normal.
 
La desfibrilación es el único tratamiento eficaz para la fibrilación ventricular. Si se aplica desfibrilación al inicio de la secuencia de resucitación, las personas que experimentan un ataque cardíaco tienen más probabilidades de sobrevivir.

Existen desfibriladores manuales tradicionales en vehículos de respuesta a emergencias, hospitales y otros centros de atención médica, pero se requiere formación y entrenamiento avanzado para su uso correcto y seguro

Los desfibriladores automatizados externos (DEA), en cambio, son pequeñas unidades que constan de:

  • un pequeño computador que puede analizar el ritmo cardiaco e identificar aquellos ritmos que pueden tratarse con una descarga eléctrica
  • una batería capaz de liberar una elevada cantidad de energía determinar si debe administrarse una descarga y aplicar la terapia eléctrica correspondiente.
  • un sistema de luces, altavoces y voz grabada que guían al operador durante el proceso.

En realidad, la inmensa mayoría de estos aparatos son Semiautomáticos (DESA) pero la extensión del termino DEA hace que a veces se les denomine de esta forma (sin serlo realmente).

Los DESA han acercado a la comunidad un tratamiento que antes era muy especializado, han "democratizado" el acceso a la desfibrilación. Son usados en aviones, aeropuertos, casinos, gimnasios, Centros comerciales, hoteles, estadios, metro, piscinas, discotecas, etc. Así como contamos con un extintor para potenciales incendios en la casa, la oficina, o el automóvil, así deberían existir dispositivos de reanimación en aquellos lugares en donde podría ocurrir una parada cardíaca.

El uso de los DESA requiere poca capacitación por parte de la persona que atiende la emergencia y puede ser utilizado fácilmente por personas sin conocimientos de medicina. En España muchas comunidades autónomas tienen regulado su uso por personal no médico, requiriendo formación específica y reglada (en algunas comunidades siguiendo la metodología de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias y la Asociación Americana del corazón (SEMES-AHA); en otras la del Plan Nacional de RCP (Consejo Europeo de Resucitación) y en otras la de cualquiera de estas sociedades. 

 

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